La imagen de la Santa Cruz del Campo

Solo basta observar la Imagen de la Santa Cruz del Campo para darnos cuenta de que nos encontramos ante una obra peculiar tanto en el aspecto material como en el histórico, simbólico/iconográfico, estético y, sobre todo, devocional.

Materialmente podemos describirla como una composición realizada con elementos todos de dispar naturaleza: lignea, textil y metálica; concentrando en sí varias artes suntuarias como el bordado y la orfebrería. Todo ello precisa de un tratamiento diferenciado en cada uno de sus elementos.

la titularLa madera que forma la estructura de la Cruz es de pino de Flandes, de corte rectangular cepillada. Tanto el stipes como el patíbulum están forrados en terciopelo rojo-carmesí, presentando todo un corpus iconológico bordado en distintos tipos de hilos de oro, así como en mostacillas, espejuelos, talcos y perlas. Sigue un diseño de marcado carácter conventual basado en motivos menudos, compositivamente dispuestos de forma individual y asimétrica, guardando gran armonía entre sí, sin que estos se repitan.

-En la parte delantera presenta motivos de la Pasión de Cristo, alegóricos, eucarísticos y campestres. En el stipes se desarrolla toda la iconografía pasional, comenzando con la escalera inmediatamente anterior al clavo de los pies; por encima de éste, un ramo de azucenas que permanece oculto por el sudario; a continuación, una cinta trenzada rodea la lanza y la caña con esponja formando aspas, siguiendo con motivos eucarísticos a base de espigas y racimos de uva; más arriba, inscrita en una corona de laurel, se halla la corona de espinas atravesada verticalmente por la caña que sirvió de cetro al Redentor. En el mismo centro del stipes sobre la derecha se representa una Rosa abierta en el mismo lugar donde se produjo la Sagrada Lanzada, de la que brotó sangre y agua. Sobre otra corona de hojas más sueltas se halla la columna con el flagelo, seguida de un ramillete de pensamientos. En el crucero se venera una miniatura del Rostro de Cristo, enmarcado sobre una composición de espejuelos y un cíngulo a base de perlas huecas. Siguiendo, hasta rematar con el INRI, con motivos eucarísticos. Sobre el cuerpo horizontal se enmarañan de forma irregular, pero simétrica con respecto al brazo contrario, hojas y flores de jazmín; en cada brazo, semiocultos por estos motivos, se hallan las tenazas en el izquierdo y el martillo en el derecho. El reverso del Santo Madero se cubre con motivos en “S” superpuestos en forma de cascada, intercalando distintas técnicas de bordado, con hojas con forma de “C” dispuestas de forma irregular; salpicando el conjunto se disponen pequeñas laminillas en oro.

La particularidad de esta parte de la obra (la más antigua) está en que se conserva tal cual fue realizada, ya que tanto los materiales como la técnica en que está hecha no se realizan hoy día, siendo una de las escasas obras de este tipo que se conservan, lo que obliga a conservarla con celoso cuidado durante el año.

La Santa Cruz se orla con un sudario o bandas sujetas a los tres clavos, cuyas cabezas están bordadas en hojilla de oro. Ribetea el contorno un encaje repujado en plata de ley dorada, con cuatro potencias labradas a dos caras e INRI del mismo material y técnica; realizados por Manuel Villarreal Fernández en 1961. Este ribete sustituyó al original en dicho año, realizado con hilo y hojilla de oro con la técnica del bolillo y que aún conserva la Hermandad. El Rostro de Cristo se protege mediante un viril realizado en oro de ley por Juan Borrero (Orfebrería Triana), sobre una teca de oro donada por nuestro hermano Juan Enrique Martínez Benítez, e impuesto por el Sr. Obispo Mons. José Vilaplana Blasco a la culminación de la Solemne Función Principal de Instituto, el 27 de abril de 2008.

Toda la imagen se inscribe en un arco de flores con forma de corazón, de líneas abiertas y despejadas; y que encierra en sí una rica simbología. Tomado de la tradición grecorromana de coronar con laurel u otras plantas o de construir arcos de triunfo, el arco representa la victoria y triunfo de Jesús en el ara de la Cruz sobre el pecado y la muerte. Es la aureola que resalta la gloria y santidad del Madero, señalando que esa es la Cruz donde se gestó la Redención del ser humano, de donde brota la Nueva Vida y la Salvación. Está realizado manualmente con tela y papel.

la titularComo en casi todas las imágenes con gran devoción, en torno al origen de la Santa Cruz del Campo existe una leyenda fundamentada tan solo en el decir de nuestros mayores, que tiene más valor en cuanto a tradición oral en sí que en cuanto a datos arroja. Dicha leyenda atribuye el bordado de la imagen a una monja en opinión de Santa que había en el Convento del Socorro de Sevilla, que fue donde se realizó. Se cuenta que dicha monja obraba milagros y levitaba en los momentos de oración íntima, y de una visión mística sobrevino la inspiración para bordar la Cruz. Se sabe, no obstante que dos fueron las villarraseras que vivieron en el Convento del Socorro de Sevilla y por los descendientes de sus familiares sabemos que fue en dicho cenobio donde se confeccionó.

Sin embargo, todo son conjeturas a la hora de dar una fecha exacta de la realización de esta Imagen, puesto que no existe en poder de la Hermandad ningún documento que nos hable directamente de su hechura. Sólo por criterios de semejanza con otras obras similares (aun estando realizada, como se ha dicho, con materiales que escasamente se conservan hoy día) y la experiencia vivida por personas que, a lo largo del siglo XX, murieron en edad centenaria; lo más sensato sería decir que nos encontramos ante una obra bordada hace dos siglos aproximadamente.

Es, en definitiva, todo un símbolo devocional, en torno a la cual gira la vida de los cruceros que esperan todo el año para poderla ver resplandeciente por las calles de Villarrasa.