Los orígenes de una devoción

Podemos decir que la devoción a la Cruz de Cristo en Villarrasa arranca casi desde el mismo momento de la cristianización de la zona. Es de suponer que después del periodo de dominación musulmana, el signo de la Santa Cruz impregnaría ya de forma irreversible la vida de la población. Resulta lógico pensar que esta devoción se reforzaría con las repoblaciones de las que Villarrasa fue objeto a finales de la Edad Media, seguidas de las incesantes misiones por parte de distintas órdenes, cuyo fin era el de evangelizar a la población.

Las raíces de este gran árbol, como es la devoción a la Santa Cruz, podemos asentarlas en tres realidades presentes en Villarrasa durante los siglos de la llamada “Edad Moderna” (siglos XVI, XVII y XVIII):

– Por un lado, la existencia de la “Hermandad de la Vera+Cruz y Sangre de Cristo”, cuya sede canónica estaba en la ermita de la Misericordia, esto es, la actual ermita de Ntra. Sra. de los Remedios. Esta Hermandad salía en procesión de penitencia con el Cristo de la Vera+Cruz (o de la Sangre) el Jueves Santo y festejaba la fiesta de la Santa Cruz el día tres de mayo [1].

En 1601 la Hermandad fue beneficiaria de una serie de limosnas otorgadas en testamento por D. Alonso Martín Riquel, entre otras Hermandades de Villarrasa: …del Santísimo Sacramento, de las Ánimas del Purgatorio, de la Soledad, del Rosario, de la Sangre, de la Misericordia, del Señor San Vicente y del Señor San Sebastián [2]. Resulta curioso cómo al Stmo. Cristo de la Vera+Cruz también se le conocía, por entonces, como “Stmo. Cristo de la Sangre”, lo que resulta lógico habida cuenta de que la devoción a la Preciosa Sangre de Cristo está estrechamente ligada a la del Santo Madero; de hecho, el color que la Liturgia eclesiástica emplea para el culto a la Santa Cruz es el rojo, en alusión a la Sangre Redentora derramada en sus maderas como rescate del mundo. Todo ello mueve a pensar que el apelativo “de la Misericordia”, como se le conoció en época más reciente, obedecía al lugar donde se le profesaba culto: la ermita de la Misericordia.

También podemos saber (y así se publicó en el Boletín “Santa Cruz del Campo” en su edición de 2001) que en 1725, el mayordomo de la Hermandad era D. Francisco Morante del Castillo, quien informaba del caudal que tenía que era de 269 reales de vellón por ocho tributos y limosnas de sus cofrades [3].

Sabemos que el día de la Invención de la Santa Cruz se celebraba hace dos siglos de manera muy distinta a como se llegó a celebrar hasta mediados del siglo XX (evolución histórica de las fiestas). A través de un pleito mantenido en 1815 con el mayordomo, y que trascendió al mismo Arzobispado de Sevilla, podemos saber que el 3 de mayo se oficiaba Solemne Función en honor de la Santa Cruz, seguida de procesión; tras la cual, se celebraba una “Puja” que tenía lugar en el porche de la Iglesia parroquial con las ofrendas de los devotos de las distintas collaciones del pueblo, nombrándose un diputado para cada una. Siendo Hermano Mayor D. Ramón López de Tejada, Secretario D. Antonio Navarrete y Sánchez, y Cura más antiguo de la Parroquia Rvdo. D. Ramón Aparicio de Tejada [4].  Es inevitable la comparación ante la semejanza de lo que aún hoy se sigue celebrando el 18 de diciembre en honor de nuestra Patrona, la Stma. Virgen de los Remedios.

– Otra de las realidades a las que nos referimos es la existencia de peanas o humilladeros con Cruz repartidas por todo el pueblo. La construcción de las mismas obedecían a distintos motivos: Lugar de enterramientos en épocas de epidemia, salidas y entradas del pueblo con finalidad protectora, memoria de algún suceso importante, etc… Estas peanas o humilladeros, con el tiempo, fueron levantando cierta veneración en el vecindario.

Una de ellas, situada a la salida del pueblo por el norte, próxima a la Iglesia Parroquial, se denominaba la Cruz del Campo y que ya avanzado el siglo XX varió su ubicación debido al crecimiento urbano de dicha zona. Sin descartar que el nombre pudiera ser una influencia de la metrópoli [5], lo cierto es que gozaba de gran devoción entre los lugareños debido a la especial protección que ejercía sobre los cultivos y labores del campo, sustento base de Villarrasa desde sus orígenes y aún hoy.

Dichas peanas también servían para marcar las distintas Estaciones del Via Crucis (un ejemplo lo tenemos en dos de las tres que existían en la calle Calvario), de hecho, la de la Cruz del Campo tenía un azulejo que representaba la segunda Estación: Jesús con la Cruz a cuestas.

– Y una tercera realidad, digna de tener en consideración, es la ancestral costumbre de celebrar fiestas en casas particulares en torno a la Santa Cruz durante el mes de mayo. Costumbre que se extiende por toda la baja Andalucía y que en no pocas ocasiones encontraron el recelo, cuando no la frontal desaprobación, de las autoridades tanto civiles como eclesiásticas.

 A parte de todo lo dicho, existen otros indicios durante estos siglos que nos hacen pensar en que la devoción a la Santa Cruz en Villarrasa ha sido, en mayor o menor medida, una constante en el tiempo:

– De esta forma, se conserva una capellanía de 1659 en la que dos villarraseras, Dª. Juana Téllez y Dª. Catalina de Orihuela, dejan en testamento (…) el decir todos los días festivos dentro de cada semana y una Misa de alva y otra cantada en el día de la Sta. Cruz de Mayo (…). Siendo capellán el también villarrasero D. Joaquín Blanco de Saavedra, cura de Rociana. (ADOH).

Todo lo anteriormente expuesto no son más que referencias de un terreno lo suficientemente abonado como para que, en los años posteriores, eclosionara la devoción a la Santa Cruz con las formas con las que la conocemos hoy día.

[1] HERNÁNDEZ PARRALES, Antonio. Historia de las Hermandades de la Vera Cruz, o.c, pg 271

[2]CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, La escultura del Crucificado en la Tierra Llana de Huelva, 2000, o.c, pag 511.

[3] Op. Cit , pag 511

[4] ARCHIVO DIOCESANO DEL OBISPADO DE HUELVA (ADOH). Leg. 560.

[5] Bien es sabido que hasta 1953 Villarrasa perteneció (como toda la provincia de Huelva) al Arzobispado de Sevilla, lo que supone una innegable influencia de todo cuanto acontecía en la capital de la Archidiócesis: Sevilla. Desde la Edad media existía extramuros de dicha ciudad un humilladero llamado la Cruz del Campo, en torno al cual tuvo su origen la Semana Santa hispalense.